domingo, 18 de marzo de 2007

Basado en hechos reales

Todo aparentaba ser un fin de semana largo de vacaciones en Londres con mis compañeros de trabajo. Llegué el jueves con mi compañera de trabajo a casa de otra de mis compañeras, dispuestos a tener unos días de relax.

Lo que viene a continuación es una adaptación rápida a lo ocurrido el viernes. Fue más largo que todo esto, pero en esencia se resume así:

El viernes por la mañana despertamos con ganas de hacer algo pero sin stress, paseos, comer con los compañeros, ver a algunas personas a las que quería ver, vamos, cafés y cervezas, poco más. A las 7 de la tarde del viernes estoy tomando unas cervezas con Natalia al sur de Londres, por Tooting Broadway, cuando de repente:

Ring, ring, ring

- ¿Sí?
- ¡Hola Kini! ¿Qué vas a hacer esta tarde?
- Pues no sé, he quedado a tomar algo con la gente de la oficina
- Pero, ¿a qué hora?
- Supongo que iremos a cenar sobre las ocho y sobre las diez y media de la noche o algo así iremos a tomar algunas cervezas, aún no sabemos nada fijo. Somos bastante y para ponernos de acuerdo todos... ya sabes como son estas cosas.
- Pero no sabes por dónde vais a estar
- Alguien comentó de ir por Covent Garden a un garito a tomar las cervezas
- Ah, pues bien, ¿sobre qué hora estaréis allí?
- Pues no sé, las 22'30 o así, ¿por qué? Estoy en Londres y vosotros en Madrid.
- Eso te crees tú, estoy esperando a embarcar para ir a Londres. Llegamos a sobre las 11 de la noche. Cuando lleguemos te avisamos
- ¿Cómo? No te creo...
- Venga, lo dicho, cuando lleguemos a Londres te damos un toque.



Horas más tarde, tomando las mencionadas cervezas en Covent Garden, suena el móvil otra vez y:


- ¿Sí?
- Ya estamos aquí, acabamos de aterrizar.
- No os creo.
- Pues estamos aquí
- Pues sigo sin creeros
- Vale, cuelga el teléfono y llámanos y si escuchas un tono distinto de llamada al habitual en España, es que sí estamos aquí.


Colgué el teléfono, llamé y efectivamente, sonaba a tono de llamada típico británico.

Y vinieron, vive Dios que vinieron. A las 2 de la mañana estaba en Oxford Circus esperando a que mis amigos aparecieran y preguntándome qué se les habría pasado por la cabeza para coger un avión a las 7 de la tarde y plantarse en Londres. (Espacio patrocinado por Aldeasa)

A partir de ese momento decidí que lo mejor era no preocuparse y ver qué ocurriría con el fin de semana. Conociendo a mis amigos, cualquier intento por controlar la situación hubiera sido catastrófico, así que, de perdidos al río, al Támesis, of course.




El resultado ha sido mucho mejor del esperado, total integración de mis amigos con mis amigos del trabajo, mezcla explosiva, pero positiva. Olé, olé, olé.

El fin de semana ha transcurrido de forma normal, con algún que otro "encontronazo", pero efectivamente muy divertido. Espero que estas cosas tan raras me ocurran con más frecuencia porque hacen que merezca la pena hacer muchas cosas.



Un beso a todos.

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