Quizá estoy tomando una tónica extremadamente optimista y positivista al celebrar "no eventos" que podrían conseguir que a cualquiera se le cayera el mundo encima, pero quizá es el consuelo que me queda.
Dentro de unos días se cumpliría un año de relación con la persona de la que suelo hablar en el blog. Y siendo sinceros, cada vez estoy más contento de haber dejado atrás todo aquello. Si bien considero que la persona en sí merece mucho la pena como amigo, no era, desde luego, aquél su momento para tener ningún tipo de relación y a la larga tampoco lo era el mío.
Me acuerdo de lo que se me decía a mi alrededor: "¡No te preocupes, ya se te pasará!", "a la larga te acordarás de todo esto y te reirás" y un largo etcétera de frases al uso en esos momentos, en los que te sientes como una piltrafilla y sin estudios y tus amigos intentan jalearte y animarte. Pues bien, cierto es que ya se me ha pasado y también es cierto que ya me río, incluso de las frases que en su momento más daño me hirieron y me hundieron. Con el tiempo, las palabras, los silencios, las risas, los hechos, las miradas, en definitiva, todo pierde intensidad. Se difumina no sólo en el tiempo sino en el espacio de los recuerdos. Y lo que antaño me agarrotaba y rasgaba, hoy no es nada de aquello. Es como una gota de perfume que cae encima de una superficie. En los primeros instantes no aprecias su olor, después eres incapaz de oler alguna otra cosa, y poco a poco, te acostumbras a la esencia y por último, la gota no está, se ha evaporado, pero tu nariz sigue percibiendo el olor y son los recuerdos de ese olor los que te hacen creer que sigue ahí. Pero no, no hay ni gota, ni olor, y tampoco recuerdos en tu cabeza.
Ahora mi vida está en una fase totalmente distinta. Las vacaciones con mis amigos me sirvieron de mucho. Tiempo para reflexionar en las grandes distancias que recorrer, mucho que reir, poco que lamentar. Volví de mi retiro con la cabeza mucho más tranquila, con las cosas claras y sabiendo, que no es poco, qué es lo que quiero a medio/largo plazo.
No pretendo con nada de esto dar clases magistrales de nada, ya que no considero que sea yo quien tenga que aleccionar a nadie. Pero sí es cierto que mucho más importante es saber lo que no se quiere que saber únicamente lo que se quiere. Desde mi punto de vista, si una persona se aferra únicamente a lo que quiere, esa obcecación filtra negativamente y eclipsa cualquier otra cosa que pudiera ser de interés.
Lamentablemente, hay gente para todos los palos y tan difícil es tratar con personas que sólo saben lo que quieren, como con aquellas que no saben nada, incluso lo que no quieren.
Ahora sin más, os dejo reflexionar un rato, se me ha acabado la poca inspiración que tengo.
Abrazos y apiernas.
Yo.
sábado, 20 de enero de 2007
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