La resignación es lo último que hay que perder junto con la esperanza. Y mi resignación es la de intentar ser feliz, sabiendo que cada día que pasa es uno más y no uno menos. Ser feliz tratando de hacer lo más felices a los que están a mi alrededor, porque al fin y al cabo uno es lo que transmite y transmite lo que es.
Atrás quedan los meses de inestabilidad pero de plenitud sentimental, de balsa tranquila en mar picada.
Se acabó, y por eso mismo hay que celebrarlo. Hoy celebro mi día de no cumpleaños por todo lo alto.
sábado, 20 de enero de 2007
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